Entrevista con Luis Chavez – EcoAldeano

El hombre:

Luís Chávez, de 50 años, amigo mío desde el 2004, amante de Jacques Cousteau, parte biólogo, parte oceanógrafo, con título de acuicultor. Los que lo conocen en la ciudad, saben que es profesor de inglés, matemáticas, o Director de Programas Internacionales. Lo que no saben es que previamente fue exportador de peces para acuario e instructor profesional de buceo submarino.

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Quería hacer una maestría en Recursos Marinos Costeros Sostenibles pero se tuvo que “aguantar” una de Alta Gerencia. Finalmente, después de un intento final de aprobar el tema de Emprendimientos Sostenibles para su tesis, cambió de idea, y empezó a enfocar su vida hacia el campo, en un terreno de su propiedad que hoy quiere convertir en una Eco-Aldea*.

Ubicada en la Comuna Dos Mangas, provincia de Santa Elena, Ecuador, la eco-aldea de Luis tiene 3.6 ha. El terreno fue inicialmente comprado en el año 2000 con el objetivo de construir una hostería con cabañas para alquiler.

Fue el sueño típico de muchos ciudadanos urbanos: tener una casa de campo con caballos y alquilar cabañas para ganar un poco de dinero extra. Sin embargo, Luis aprendió bastante rápido que este sueño no era sostenible.

La historia puede ser familiar para muchos: el terreno quedó abandonado pues dejó de ir por un buen tiempo. Luego de “dejarse llevar” por una amiga a unos talleres de permacultura (semillas de huertos orgánicos y bioconstrucción en Quito) regresó a su terreno para encontrarlo lleno de monte e invadido por los animales de los vecinos. Lo peor: el caballo que tenía había muerto por la mordedura de una culebra. De ésta experiencia, Luis dice:

“No es de comprar cosas y sentir que tienes un caballo y una finca, no es de sentir tu auto-apreciación de que, tengo un caballo. Nunca la usé (la montura). Nunca lo monté. Entonces uno dice, no es así. Cuando uno tiene un animal, es como tu mascota, como tu familia, tienes que estar allí. Nadie te lo va a cuidar.”

*Una eco-aldea es una comunidad intencional, o tradicional, que utiliza participación local para integrar, de manera holística, las dimensiones ecológicas, económicas, sociales y culturales del desarrollo sostenible con el objetivo de regenerar ambientes sociales y naturales (http://gen.ecovillage.org/ecovillages.html).

El cambio:

“A veces me sentía exhausto porque estaba solo. Limpiar por acá, crecer por allá. Después habían veranos donde no llovía, entonces se secó. Yo iba a encontrar todo seco, con monte, caca de vaca, y todo eso bajo un solazo. Y me decía, ¿qué hago? ¿qué estoy haciendo?”

Pero la finca nunca logró cansarlo mentalmente. Al tomar el  taller de permeacultura y bioconstrucción, conocer más gente y darse cuenta de las posibilidades, le gustó más la idea de una eco-aldea y lo motivó a seguir.

Los frutos:

La primera siembra produjo pimientos, los cuales se comió como loco durante los siguientes 6 meses. Más tarde empezó a ver los frutos de su trabajo: melones, piña, y albahaca sin químicos, el interés de los hoteles en las comunidades turísticas aledañas y hacer amigos con intereses y objetivos similares. Se dio cuenta que estar “allá” le daba felicidad: machetear, limpiar, sembrar, aunque crezca o no crezca, se muera o no se muera, lo importante era estar “allá”.

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Hasta hoy, Luis ha podido cultivar y disfrutar de: yuca, piñas (que salvo Caty), sandia, melón, zapallo, albaca, perejil, menta, pepino, maíz, palma de coco, palma de tagua, aguacates, marañón, y camote.

 

 

 

La visión:

“En 50 años no sé si voy a ver la eco-aldea como la imagino. De pronto no. Los árboles de guayacán que ahorita están chiquitos, sé que no voy a ver el bosque de guayacán. Pero eso no importa. Es disfrutar, imaginarte que allí va a estar.”

La visión inicial era de dividir el terreno en 4 partes para 4 casas de 4000m cada una; su continua motivación de seguir aprendiendo le enseñó que en una eco-aldea no se plantea así, sino todo lo contrario, es decir se debe reducir la parte donde vive el ser humano y se debe ampliar el área del cultivo y del bosque. Además, que una eco-aldea necesita más que solo 4 personas, porque cada uno tiene un rol importante en la operación de la misma, hay que hacerse cargo de diversas tareas como por ejemplo la construcción de las casas, la cosecha y en el mantenimiento, por citar algunas.

La meta de Luis es independizarse de la economía de la sociedad. A través del trueque, hacer todo lo posible para liberar la eco-aldea de la dependencia del dinero de afuera. Luis dice: “por ejemplo, si el tomate nos fue pésimo, pero tenemos mucho verde, entonces cambiamos el verde con alguien que les fue bien con el tomate.”

Desea salir de Guayaquil (la gran ciudad) en el 2015 y pasar casi el 100% de su tiempo en la finca.

Logros:

“Todo ha pasado de manera coincidental… cada mes hay un logro que yo no sabía que iba a suceder….”

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Uno de los más grandes logros ha sido formar parte del proyecto “Enfrentando El Cambio Climático” que busca proteger los acuíferos a través de la reforestación con caña guadua. La gente del proyecto lo ayudó con la siembra de plátano, que dará el ingreso económico y la caña que proveerá madera para la construcción de casas en 4 años.

 

Otro importante logro ha sido despertar el interés en la finca. Unos amigos ya han aceptado construir su casa allá.

Aprendizajes: 

El mayor aprendizaje ha sido seguir con el sueño sin depender del resultado, de lo que suceda, así funcione o no.

“Pones el huerto, y después te das cuenta que el huerto no era por aquí, era por el bosque. Es mucho tiempo y dinero invertido en un pedazo y ahora resulta que, no… es por allá. Son cosas que he aprendido a aceptar… y saber leer lo que está diciendo el sitio. ”

Apreciar las experiencias:

Ante la pregunta si cambiaría algo, Luis dice:

No sé si cambiaría algo del todo el proceso que he pasado. Porque si quito una cosa, esa cosa me llevó a otra cosa que tuvo que suceder. Así que…me hacen muy difícil las preguntas hacia atrás y hacia delante. De pronto, hubiera puesto más empeño, sabiendo lo que sé ahora.”

Cambiando la perspectiva del éxito:

“El éxito es cada día. No es un lugar donde tú llegas. Es cada día. De la siembra, aunque se muera, aunque la mitad de sitios no funcionan, eso fue el éxito. No es juzgarte a ti mismo en que fallé, en que hice mal, no fui eficiente, no calculé bien, no pensé bien, etc. Empiece un circulo de frustración que te hace cambiar de planes o ya no querer. Eso pone en peligro la idea en general, el sueño. Aprendí a no creer que uno tiene todas las respuestas y lo que uno estudia y lee es correcto. Debes aceptar las cosas como salen. Si salen mal, es una suerte porque te esta diciendo por donde no es.“

Para conocer más acerca del proyecto, visite: Finca Experimental AgroEcologica El Pechiche en Facebook.

Agradecimientos a:

Luis Chavez por compartir su historia inspiradora y su hospitalidad.

Caty por su enseñanza agrícola.

Peter Rodríguez Pontón por ser mi editor.

 

 

 

 

 

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